Columna personal

Sal en tu camino

La breve y exclusiva lluvia de la semana pasada provocó una seguidilla de accidentes en el remozado camino de San Julián.

Hasta hace unos diez o quince años, la calle única del pueblo, y en especial la cuesta, se transformaban en un lodazal cada vez que llovía, hasta el punto de impedir el tránsito vehicular. Por lo mismo, no era raro quedar aislados en invierno. Ello llevó a varias administraciones de la Junta de Vecinos a aspirar a tener, si bien no un camino como la gente, al menos algún medio de comunicación para tales eventos. Es así como se logró comprar una radio de banda ciudadana que se instaló en la escuela y que prestó limitados servicios hasta el advenimiento de la telefonía celular -primero- y del teléfono público del FDT después.

calle San Julián

Hace una década apróximadamente, estuvimos a punto de lograr la pavimentación del camino. Al menos se hizo un excelente arreglo. Se depositó en toda su extensión material extraído desde el hoyo de la cuesta, que en ese tiempo donó o vendió don Armando Alvarado, se apisonó muy bien con innumerables pasadas de rodillo y no se le agregó ningún agente estabilizador. La calle quedó como mesa de billar, al punto de poderse subir en cuarta la subida de Ño Juña.

La suavidad del camino duró poco, pero nunca más tuvimos problemas en los inviernos… hasta este año.

En efecto, el último arreglo del camino, realizado por Vialidad, aparte de no quedar ni lo remotamente liso que esperábamos (y lo está cada vez menos), nos ha devuelto a una situación similar a la descrita arriba. Y mucho más peligrosa.

Los escasos episodios de precipitaciones ocurridos este invierno han venido aparejados con problemas para los conductores, pues circular por nuestra calle mojada es como hacerlo sobre una pista de patinaje. Al mero problema estético-higiénico (y de corrosión anticipada) que significa llenarse la guata del móvil con barro salado, se suma el constante riesgo que implica la pérdidad de maniobrabilidad del vehículo. Hay puntos especialmente peligrosos, como el situado frente a la escalera de la casa de don Oscar Díaz (en el límite con el Tomacho), donde los vehículos tienden a seguir derecho hacia la higuera, y no responden a la dirección por muy baja que sea la velocidad que uno lleve. Tres camionetas tuvieron problemas en una sola lluvia.

Otro lugar difícil es la subida que mencionábamos antes, donde un camión cargado con troncos no logró subir y se resbaló en reversa, siendo frenado por un montículo de ripio que tenía el Coqui. De otro modo hubiera ido caer sobre la casa de don Lucho.

Y la cuesta. En la última lluvia (20 de julio, la misma del incidente anterior) un camión alcachofero (el del Joel) quedó atravesado en ella tras intentar darle el paso a otros dos vehículos menores, los cuales también se roncearon. El camino estuvo cortado por varias horas. Ese mismo día, en la micro del Bartolo, las viejas pasajeras rezaban y clamaban porque las dejaran bajar a pie, pues ya se veían con micro y todo encima de los quiscos o de los camellones del fundo.

La responsable de tan resbaladizo camino sería la sal utilizada como agente estabilizador por quienes «arreglaron» el camino. Pero la culpa no es del chancho sino del que le da de comer, en este caso, el MOP y su Programa Caminos Básicos 5000, proyecto que pretende «completar entre los años 2004 y 2006 el mejoramiento de estándar de un total de 5.000  kilómetros de caminos públicos rurales no pavimentados en todo el país gracias a la aplicación de nuevas tecnologías tales como Bischofita (cloruro de magenesio), Sal (cloruro de sodio), Asfalto Espumado y Cape Seal, entre otros.»

Las sales tienden a humedecerse demasiado (por eso cuesta usar un salero en invierno) lo que provoca un camino resbaloso. La misma dirección de Vialidad advierte que estos tratamientos deben utilizarse en zonas de baja pluviometría, perfil en el que encaja San Julián, pero de todas formas someten a los usuarios al riesgo de accidentes. Debieran advertir también que su uso se debe restringir a caminos planos, sin riego de que los vehículos se desbarranquen tras el resbalón.

Así es que, señores dirigentes del pueblo que sea, cuando les ofrezcan mejoramiento de su camino con incorporación de sal, opónganse si su camino es sinuoso y con pendientes, a menos que el polvo del camino los tenga chato. Esa es la casi única ventaja que hemos encontrado al arreglo famoso y tal vez por sí sola pueda compensar el riesgo de accidentes, pero tal vez no. Al menos los peatones circulan más contentos pues les dura más tiempo limpio el pelo.

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