Columna personal

Orquestas de Ovalle y sus Vocalistas.

Conjunto de instrumentos, principalmente de cuerda, viento y percusión, que participa en la ejecución de una obra musical…” reza el diccionario en su formal, pero rigurosa y necesaria frialdad. Como quiera que sea, lejos navega esta definición, de los puertos que un día iluminaron las costas de nuestros corazones, porque “decir te quiero, decir amor, no significa nada; las palabras sinceras, las que tienen valor, son las que salen del alma…”, todavía canta gutural…taladrando el murallón de los años, el inefable Cartero del Amor, vocalista contumaz de todos los escenarios, matrimonios, aniversarios y ramadas ovallinas; líder, corifeo y demiurgo de incontables orquestas, que en el vientre del Limarí nacieron, crecieron y murieron.

Cómo olvidar aquella tostada tez… en frontal contraste con su láctea y desbordante sonrisa, ésa que prodigó a raudales por las calles de la ciudad, mientras distribuía, casa a casa, la cuota epistolar de su jornada; cómo olvidar el año en que el vocalista resolvió ensortijarse el cabello, motivado por la sugerencia de -sepa cuál- de sus incontables admiradoras o, tal vez, impelido por algún gen afro-caribeño-latinoamericano, heredado de sus más recónditos y virtuosos antepasados, aunque, considerando su vocación cancionera, es posible que el enrulado de la testa musical, haya sido expresión de una secreta y desenfrenada admiración, por la inconfundible figura del ídolo italiano, Ricardo Cocciante, quien, por aquella época, derretía el corazón de las adolescentes con su enronquecida voz; letras que él, el corifeo secular de Ovalle, Jorge “Coscacho” Morales, solía cantar en el epílogo bohemio del casi amanecer bailable, para que las parejas coronaran la orgiástica jornada, con un apretado, tembloroso y conscupicente abrazo.

Era la década de los setenta, los últimos trenes cruzaban la estación de Ovalle; el viejo automotor hundía el aguijón de sus pitazos triunfales en la piel brumosa de La Calera; eran los años del pelo largo, del Hilton rojo, Los Demond, Los Clavos Torcidos y los jumpers -pinguinos- elásticamente ceñidos a la cintura lola. Por su parte, las radios, entre las cuales Norte Verde de Ovalle no era una excepción, exhalaban los acordes de Los Bee-Gees, Demis Rousso, Neil Diamond, Sandro y Manolo Galván, porque “te quise, te quiero y te querré, de la forma que tú quieres que te quiera…y no hay nada ni nadie ni lo habrá, que me pueda hacer pensar de otra manera…” eran las cuerdas vocales del cartero del Amor, imitando la ronca voz del español, desde el inmenso galpón de Club deportes Ovalle; miles de matrimonios, -pololeos- y efímeros concubinatos se perfeccionaron, para siempre, sobre el acalorado escenario de aquellas madrugadas sabatinas y, por consiguiente, miles y miles de jóvenes ovallinas y ovallinos, encontraron en ésos trasnochados bailes, amenizados por las Orquestas Ovallinas y sus Vocalistas, la antesala de su propia existencia.

Quizás nada de ello fue… en el ocaso del tiempo, sólo adormecidos efluvios que la añoranza acaricia en las esquinas del recuerdo o, acaso… simplemente, la desgarradora ansiedad del destierro aullando ilusiones en la noche descomunal del olvido; “Ansiedad” de Nat King Cole, que entre Los Peñones y los setenta nos cantara Albert Hamond… tal vez… “Talvez estén llorando mis pensamientos, mis lágrimas son perlas que caen al mar y el eco adormecido de este lamento…hace que estés presente en mi soñar…” voces que galoparon los caminos del alma quinceañera, voces que, parafraseando a Machado, dejaron sus huellas al andar… y al andar fuimos haciéndolas flores imborrables a la vera de nuestra memoria vital… memoria… merecida memoria, para otros vocalistas ovallinos, como los hermanos Hugo y Hernán Naranjo, quienes cantando bajo la encrespada dirección de Guido Marambio, elevaron a Los Clavos Torcidos hasta el humano cielo de lo inolvidable.

Pero, aunque muchas aguas hayan pasado bajo los puentes orquestales de la añorada tierra… “Hoy en mi ventana brilla el sol… y el corazón… se pone triste contemplando la ciudad…” sí, coterráneas y coterráneos, porque muchos corazones brotados en los intersticios del pimiento y, desterrados hoy, lejos del nido y del follaje marsupial del nacimiento, contemplan el ayer desde las ventana de sus casas o trabajo… añorando aquel tiempo sin regreso que, entre canción y canción, fundó vida en las planicies de nuestros días. Finalmente, más allá de toda nostálgica consideración, se impondrá la invidente-clarividencia de José Feliciano y su “Ven siéntate a mi lado… tengo algo que decirte, que tú debes saber: es cierto que te amaba, no me arrepiento, pero el amor se escapa y ya no ha de volver…” pese a ello, jamás podremos negar que aunque el amor, como el tiempo y Las Orquestas, un día se nos vayan, ya nos dejaron algo en el plumaje de la sangre… algo que quizás se prolongue más allá de la vida, algo que nos traspasa el alma, tiñéndola de nostalgia y desesperado anhelo de regreso. Gloria eterna, para las Orquestas y Vocalistas de Ovalle.

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Comentarios

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Exelente el recuerdo de aquellos años, yo fuì parte de esas orquestas que menciona el autor del artìculo, yo era el baterista de Los Demon de los años 70 en esos tiempos rubio, ahora con el paso de los años con el pelo cano, pero igual añorando esos dias tan hermosos en nuestra querida Ovalle, que nunca se olvida, aunque estemos muy lejos.
Un saludo a todos.
Edwin Vera Hidalgo.
Iquique.

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Hola Tío Edwin
Usted dira, y quien es este?, es que ya han pasado muchos muchos años, y soy Patricio, el hijo de Milton Alvarez o el Flaco Milton, justamente ahora que vino a pasar el año nuevo a Antofagasta conmigo, se estuvo acordando mucho de estos tiempos…
Un saludo muy afectuoso para Ud.
Patricio

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Hola!!!
Yo vivía en Barros Lucos Norte, en la Población Villalón. En ese pasaje ensayaban Los Demons y mirabamos por la ventana desde afuera y era como escuchar a Led Zepellin, los Demond eran nuestros ídolos. Me acuerdo del flaco Milton en la guitarra (Jimmy Page), el coscacho Morales cantando, Edwin en la batería y en el organo un flaquito (no me acuerdo el nombre). Nos daba envidia el arrastre entre las lolas.
Milton formó después el grupo «SANGRE». Saludos!!!

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Conocí el grupo musical los demond en Tongoy estube trabajando como musico en el local «scorpion rojo» en los años 70 en adelante. Ese local estaba en la esquina camino playa grande. Los Demond eran buenisimo creo que el baterista era rumbio pelo largo si es que no me equivoco, también tocaron en ese local pero siempre estaban tocando en rl hotel frente playa socos. Yo vivia en santiago hoy estoy en Cauquenes. También estaban los dracos y largo camino y los cumanà. Bonito recuerdo de muchos años. Estoy en facebook con los jabones termales ubiquenme por Juan Pincheira Muños. Adios amigos.

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