Columna personal

Los volantines en el calvario de Huamalata...

Los volantines en el calvario de Huamalata y otros juegos multicolores, que iluminaron los caminos de la infancia, cuando el cielo nos abría sus corolas infinitas y un celeste prístino y profundo penetraba los intersticios pulmonares… encendiendo antorchas caleidoscópicas en los vastos y frondosos túneles de la imaginación parvularia… amarillo, verde, anaranjado, en barroco contraste o, simplemente, los patrióticos “chilenitos” emulando la insignia nacional, teñida de admiración por la gesta de Prat y sus marinos, que… en la rada de Iquique y etc., etc., se encumbraban en la atmósfera, con su leve estructura y, allá, en los altísimos talleres de Eolo, junto a esos gráciles viajeros, seguramente, se armó el fuselaje de nuestros sueños, en cuya cabina, muchos huamalatinos viajamos aún, por la atmósfera mundial de la Tierra.

Los altos jacarandaes de la plaza de Ovalle se vestían con su traje primaveral de pétalos violáceos; los pequeños gorriones ensayaban sus primeros vuelos y; como un durazno de fuego, brotaba el amor desde el follaje adolescente, pero nosotros, los rapaces del pueblo inolvidable, le dábamos hilo a nuestras coloridas ilusiones: -mándale una carta rápido… no vi` que se está acabando el viento-, sólo las ecuaciones del tiempo llegaron a enseñarnos que en esos rústicos trozos de papel, que ascendían por el hilo blanquecino, también, se elevaban hasta las cumbres del mañana, los embriones de nuestras primeras esperanzas… sí, porque desde El Calvario de Huamalata, símbolo del símbolo, en cuya cruz el dolor del hombre sangró luz sobre todos los poros de la Historia, desde allí, surcamos el espacio del ayer, para amanecer con nuestras manos… tallando nuevas cruces en lejanas primaveras.

Era el tiempo del trompo y de la cala, de las bolitas de vidrio y de cemento; tiempo del par y none, del mate y tota, de las escondidas y del paco/ladrón… cuántos juegos tallamos con el cincel de nuestra infancia, esfinges que adornan hoy nuestras calles interiores, lúdicas estatuas que vigilan nuestros actos; con ellos y en ellos aprendimos a respetar al otro, a llevar los vagones de nuestras vidas, por las trochas de la norma y del derecho; siempre, siempre en dirección al valor moral, que es la suprema estación que define las coordenadas de nuestro viaje.

Pero, aunque… “ella… ella ya me olvidó… yo, yo la recuerdo ahora… era como la primavera, su anochecido pelo, su voz dormida, el beso… ” nosotros, los desterrados hijos de Huamalata, seguiremos encumbrando esperanzas hacia los puntos cardinales del regreso y, quizás una mañana tan azul como la infancia, por fin desciendan en la estación perdida, las mismas prendas que acompañaron todos los andenes del destierro… sí, porque, aunque la tierra añorada, cual epopéyica Penélope, haya olvidado las claves de nuestro rostro, nosotros… guardamos sus primaveras en los volantines del alma y, allí, tal como los jacarandaes de nuestra plaza ovallina, inclaudicables, las hicimos florecer en todos los equinoccios de la distancia.

Sí, amigos y hermanos ovallinos, hijos e hijas de una misma tierra; ¡Hermanos!, digo, porque no somos más que un puñado de polvo puesto de pie en el arcano del tiempo, niños y niñas… somos aún… elevando el volantín de nuestros sueños por todos los calvarios del mundo, pero con la mirada perdida en el cielo de la infancia, porque incluso en las tempestades del destierro hemos sabido, con el poeta Oscar Castro, vivir en cada rosa y en cada lirio que tus ojos “miren” y en cada trino… –todavía… cantamos tu nombre- Huamalata y Ovalle queridos.

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Comentarios

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Estimado Profesor y Poeta
Un saludo afectuoso y te felicito nuevamente por tus escritos,son un bálsamo de hermosos recuerdos de nuestro Ovalle,ojalá los puedas exponer a través de alguna columna en algún diario de la zona,de seguro tendrían un gran éxito.Otra posibilidad es a través del Municipio en alguna expocición que ellos hagan ,como por ejemplo durante el aniversario de Ovalle o algo así.
Exelente el recuerdo de tu padre Don Celestino que aunque no lo conocí personalmente,puedo imaginar el tipo de persona que fué,esas que dejan un recuerdo imborrable,de sensillez y solidaridad que sin duda será recordado siempre.
Un saludo y un abrazo afectuoso
Roberto Alamo Y.

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hola que hermoso lo que escribe me ha hecho sentir muy orgullosa de ser oriunda de huamalata porque tambien fui a elevar volantines al calvario cuando niña y me inunda la nostalgia al recordarlo

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