Columna personal

Tradiciones que el tiempo sepultó en sus ramadas

Entre cuecas y tonadas llegaba a la fiesta la dupla inolvidable, la más perfecta combinación de dos opuestas fuerzas universales: Dionisio y Apolo, señera dicotomía en la más rancia tradición cosmogónica occidental. Dueto que en Huamalata, entre los ’60 y ’70, fue representado por la collera inolvidable del Tito Michea y don Carlos Araya, dos ángulos opuestos por el vértice, pero unidos por profundas coordenadas humanas, surgidas de fuentes muy diversas, entre las cuales la memoria anota: lazos familiares, amistosos, fraternos, religiosos, etílicos, culinarios, afectivos, pasionales; desmesuras, frustraciones, esperanzas, en fin, lazos que la condición humana da a luz en el follaje pluscuamsencillo de la vida.

Venían a faenar el verraco dieciochero, el fondo de agua, medio tambor galvanizado, ya hervía a borbotones en la hornilla rastrera; en cuya pira los nervados trozos de eucalipto crepitaban haciendo saltar chispas contra las últimas sombras de la noche, las que agonizaban ante los portentosos rayos de la mañana. Agua caliente para pelar el chancho como Dios manda, eran otros septiembres bordados con otras guirnaldas, aunque la chicha y el vino hayan sido los mismos e iguales sus efectos en los cauces mentales de la sangre. El Tito, cual primate emparafinado, blandía la acerada hoja y procedía a desangrar los meandros arteriales del mamífero organismo, rápidamente se rasuraban las cerdas, se vaciaba el abdomen y de los huesos se retiraba la carne para los arrollados…mientras tanto… “déjame que te llame la consentida, porque todo consigues, mi vida, con tus porfías…”, era el inclaudicable acompañamiento musico-patriótico de Norte Verde de Ovalle, la emisora amiga.

A estas alturas de la mañana ya se había despeñado media garrafa de chicha por los insaciables arrecifes guturales del matarife Michea, mientras don Carlos, concentrado en los tejidos musculares del que en otrora fuera puerco vital en su pocilga, preparaba las finas tiras que conformarían el sabroso arrollado; el ayudante, pletórico en los efluvios del mosto esencial, cortaba las tiras de cuero, reñido con los principios más elementales de la precisión, de un solo tajo reducía a la más absoluta inutilidad los trozos de piel, errores que lo hacían acreedor de duras recriminaciones provenientes de las fuerzas apolíneas del maestro primero, quien lo conminaba a preparar “mejor” las mezclas de comino, ajo molido en la piedra chancadora, pimienta y ají pimentón, tarea de la que también debía ser rápidamente desplazado por comisión de garrafales errores en la posología saborizante. Aislado en el endocrino desenfreno de su torrente sanguíneo, Michea se sentaba a la vera de las acciones aferrado a su incondicional damajuana.

¡Échale más leña a ese fuego… Tito, por Dios! - bramaba don Carlos-, ¡Mira que hay que cocer el animal antes que nos pille la noche! Con su sombrero de alas cortas, tejido en rústica paja, el ayudante, refunfuñando escatologías de grueso calibre, partía los troncos de eucalipto haciendo silbar el aire con sus furibundos hachazos. He aquí la unidad en la diversidad: control y desenfreno procesando al marrano dieciochero, bajo la ramada cuyas hojas el viento de septiembre mecía con sus manos transparentes, las mismas que elevaban los volantines en el calvario y soflamaban la tela tricolor de la bandera patria, asida a los dinteles rurales de Huamalata.

A las 13 horas salían las primeras presas humeantes y los platos sin mayores perífrasis recibían la mezcla entre Apolo y Dionisio, algunos convidados de piedra “sopiaban” como moscas adheridas al fondo benefactor - ¡cuidado con quemarse las verijas… caramba! – espetaba don Carlos con su sombrero alón de paño, era su forma de entregarle cariño a tanto mozalbete travieso que untaba el pan en el enrojecido caldo. Era 17 de septiembre… el Presidente de la República se preparaba para la gran Parada del 19, entre perniles y prietas se escuchaban los sones de la cueca y en el fogón donde Heráclito descubriera el eterno fluir del universo, crepitaban los troncos parafraseando los sones de la canción nacional “…y ese campo de flores bordado / es la copia feliz del edén…”.

Así entre los pies quebrados del ritmo nacional… «allá va lago Rupanco… el que bebe de sus aguas… allá va todo lo alcanza…» con las primeras sombras de la noche, la pareja se retiraba a sus aposentos, dejando atrás la enramada perfumada de cerdo y pimentones. Al otro día vendría la chupilca y el pavo. Tradiciones que el tiempo sepulta en tus ramadas Huamalata en la memoria.

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Comentarios

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Puchas, yo ya me estaba preparando para el cabrito asado y ahora me dieron ganas de comer arrollado y pan con manteca roja…

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Lalo…saludos y felices fiestas…yo me estoy emparafinando a lo Tito Michea. Compadre, en la casa le llamábamos «color» a la manteca roja, debe haber sido la influencia sureña de mi padre. Saludos para Amalia y espero verlos pronto. José Manuel.

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Estimado Josè
Te mando un afectuoso saludo de Fiestas Patrias a tì y tu familia.Hace unos dìas te comentè respecto de mi comunicado con el Editor del Diario El ovallino,con relaciòn a tus escritos,no sè si te has comunicado con èl.
Le pareciò interesante,lo cual serìa bueno poder entablar contacto.
Bueno Josè te reitero mis saludos y que pases bien,no dejes de enviar tus escritos ya que se echan de menos cuando pasa un tiempo.
Roberto Alamo Y.

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Gaate. Te saluda tu compañero de curso del 4ºB me alegra que sigas escribiendo como cuendo eatbamos estudiando.
Un saludo fraterno de jilo

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Gaete si no te acuerdas de mi persona la proxima pondre una foto mia.
Jilo

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Hola José Manuel
Que lindos recuerdos de mi querido Huamalata, cuantos dieciochos añorados en la casa de mi abuelito Don José Claro Alvarez , espero lo recuerdes.
Un gran saludo desde Arica , espero nos sigas recordando a nosotros también quién te escribe es Pilar de la Biblioteca de la Universidad de Tarapacá y ovallina a mucho orgullo , acá te recordamos con mucho cariño saludos también de Daniel para el compañero poeta.
Un abrazo a la distancia.

Mi correo es pilicetab@yahoo.es

Comentario: 

Pilar, hay nombres que eternos vivirán en las alforjas de mi memoria, entre ellos se encuentra el de tu abuelito Claro, jamás olvidaré su sombrero de paño y su bigote ceniciento. Mi primera casa estuvo a menos de cincuenta metros de la suya, esa calle vive en mi memoria como el fuego en el sol. También los recuerdo a ustedes…cómo olvidarlos si fueron tan importantes en mis años de fragor y rebeldía…te agradezco mucho tu comentario, pues gracias a él he podido saber de ustedes y qué gratificante saber que aún recuerdan a este enloquecido poeta, proveniente de aquellas lejanas calles polvorientas. Pilar tú eres hija de Nora y Rubén, parece que algo conversamos en aquel tiempo. Un abrazo desde Antofagasta, cuando pase por Arica les pasaré a visitar. José Manuel Gaete, Poeta.

Comentario: 

Distinguido poeta, es usted Manuel Gaete Iglesias? No he encontrado sus libros en la biblioteca nacional y necesito saber de ellos para integrar su trabajo al catastro en el que estoy trabajando. Atte. Francisco Carrasco Iturriaga

Comentario: 

UN GRAN SALUDO A TODOS LOS HUAMALATINOS, YO TODAS MIS VACACIONES DE VERANO LAS PASABA EN EL PUEBLO, ERA LO MAS LINDO COMO OLVIDAR LOS FESTIVALES, LAS FIESTAS EN EL GALLINERO DE LA SRA MARIA LARRONDO CON DON TATO Y SOBRE TODO LOS PARTIDOS DE FUTBOL EN LA CANCHA DE LA ESCUELITA, AUNQUE LO QUE RECUERDO MAS SON LOS JUEGOS DE POOL Y DE TACA TACA DON LA SEÑORA CLARISA VEGA.
O COMO OLVIDAR LOS RICOS CHUPETES QUE ME REGALABA DON FERNANDO LORSA.
AUNQUE MI MAMITA YA NO ESTA, SIEMPRE QUE PUEDO VOY A MI PUEBLO A VER A MIS TIAS Y ES SUPER RICO ENCONTRARSE CON ANTIGUOS AMIGOS DE JUVENTUD.

Comentario: 

ola yo soy monica yo tambien vivi en huamlata
hacen año pero conosco mucha gente me gustaria saber a donde llegabas de vacaciones o donde vive o quien es tu tia
gracias ……….monica

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