Columna personal

Puerta a puerta

Se supone que no debiera darme vergüenza, no voy a robar. Pero recuerdo que en la elección anterior miré con desprecio a la tropa de payasitos del circo político que golpeaban mi puerta.

Se supone que esto no es un desfile de moda. Pero estos colores chillones, estas banderas picantes, estos accesorios desechables y estas sonrisas forzadas, son la imagen de mis pesadillas.

Se supone que estoy en democracia, que tengo derecho a pensar diferente. Pero si expreso una idea que cuestione o menoscabe la de mi empleador, me huevean hasta que me vaya, o simplemente me echan.

Se supone que jamás trabajaría en la propaganda idiotizante de los políticos. Pero aquí estoy saludando, y sonriendo con la culpa, como pidiéndole perdón a mi alma por haberla vendido. Reconociéndome tristemente derrotada. Tratando de engañarme con razones vergonzosas, tapándome la desnudez con gasas.

Me dije que era sólo un fin de semana, que la localidad era distante y que a parte de conocer un lugar nuevo, no sería tan terrible pues en el fondo casi estoy convencida que no me conoce nadie.

Se supone que es una actividad honesta, que defiende las ideas de compromiso social de mi empleador, que gracias a Dios, no son tan distintas de la mías. Pero reconozco que temo no estar muy cercana a la defensa de ideas, si no más bien avivándole la cueca a un político de tomo y lomo (léase con la peyoratividad y el desprecio que ello amerita), convirtiéndome en una cómplice de un crimen moral que cometerá este tipo cuando lo elijan.

Disculpe usted señora, señor. Si mi sonrisa la descubre usted como desmotivada, si mi apretón de manos no es lo suficientemente fuerte, o si mi discursillo aprendido le suena desgastado. Es que estoy haciendo horas extras por obligación (Es que no pude decir que no, preferí terminar mis deudas y mantener el empleo).

Por favor usted no me tome en serio. Ofrézcame agua y sombra, haga como que le interesa lo que le trasmito. Después, si usted prefiere, bote el horrible calendario con foto de familia ajena. Deje que se destiña al sol la banderita, como se desteñirán las promesas de la rata sonriente a la que le hago propaganda.

Usted siga trabajando honestamente, siga siendo la base y la identidad de mi Ovallito, y disculpe las molestias.

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Comentarios

Comentario: 

excelente , esto refleja sabiamente a todos los que de alguna manera intentan ganarse los porotos de alguna forma , aunq sea a expensa de ir en contra de sus valores politicos,u otros, es lo que ademas esta de moda y es rentable para la ocasion.
Al menos la salvedad es q nuestra protagonista finalmente fue fiel a si misma.
felicitaciones

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