Columna personal

Historia de un Ovallito

Hay ovallitos por todas partes, en Costa Azul, en Costa Amarilla, en Nueva York, en Los Peñones, en Bubaneshwar, en Mamallapuram, en Pedregal, y en muchas otras partes. El relato siguiente nos lo envía un ovallito que, dependiendo de la hora y el día, puede estar en cualquier lugar del mundo, un incansable viajero que se dedica a capturar imágenes en un Crucero:

Margarito fue el primero que vi, cuando llegué a trabajar a la enorme cocina del barco. Hombre de raza negra, cincuentenario, robusto, pero de baja estatura, intimidante al grado de jamás mencionarle que el tamaño de sus manos me recordaban a un gran gorila.

Margarito no hablaba con nadie, era un tipo raro, pero no incomodaba, solía comer parsimoniosamente sus plátanos fritos a la hora del descanso.

Margarito tenía historias en la mirada, historias de gente tranquila que no espera recorrer el mundo en un crucero, pero que de alguna manera, el destino lo lleva a rebotar en tantos puertos, historias como la mía.

Un día, en que lo encontré solo en el comedor, me animé a preguntarle cuántos años llevaba trabajando en el barco. Muchos, me contestó, y mientras la palabra “demasiado” hacía eco en mi cabeza, Margarito se paró y se fue.

A Margarito a veces lo tomaban como el centro de burlas, que su andar, que su escaso hablar, que sus ojos de perro triste, que su indescifrable mente, que sus costumbres. Yo al comienzo como buen chileno y legítimo ovallito, quise defenderlo, pero después aprendí que tomar en serio esas bromas resultaría ofensivo para él, darle importancia a algo que para él no valía la pena.

Un compañero peruano me dijo que el hombre llevaba muuchos años trabajando en el barco, que era el más antiguo, que sólo eso se sabía. Pero yo sabía algo más, sabía que Margarito hablaba con él mismo, que murmuraba mirando las ventanillas redondas del comedor. Que casi sonreía cuando se imaginaba fuera de ese crucero trotamundo.

Yo sabía que su alma danzaba al ritmo de la espuma chocando con el barco y que sus nostalgias dejaban una estela más grande que la nave en la que trabajábamos.

Una mañana Margarito no apareció en el turno que compartíamos, y eso era muy raro, siempre y a pesar de que me esforzara por llegar muy temprano, siempre, Margarito estaba en la cabina antes que yo.

A media mañana me confirmaron que apenas llegáramos a tierra, Margarito se iría directo a un aeropuerto, y de ahí a su casa.

No me sonaba como a final feliz, insistí queriendo saber las razones.

-La cámara de vigilancia lo sorprendió haciendo caca debajo de una mesa. –Me dijo el peruano. Yo no lo podía creer.

Me costó encontrarlo. A la salida del barco quise despedirme:

-Margarito, ¡Cuánto lamento que te vayas!. Te deseo mucha suerte. –Le dije.

-No Miguel, no me desees suerte. Suerte necesitan ustedes que se quedan en esta cloaca. –Su enorme mano me dijo adiós en el hombro, y mientras lo veía alejarse arrastrando su maleta, la última frase que le escuché me hizo sentido junto a su acto debajo de la mesa.

Margarito no volteó a mirar el barco, lo sentí muy sereno, como conteniendo las ansias de volver a su isla caribeña.

Pasaron los meses, muchos puertos, muchos pasajeros, muchas noches, muchas lunas desgranándose en el mar. Muchas veces sentí su presencia sobre todo cuando sentía en el silencio las olas tranquilas en el caso de la cabina más baja. Mucho tiempo después me dí cuenta que éramos amigos.

Hoy, en la mañana, en una playa de Bahamas, reconocí el aroma a plátano frito en un puesto de comidas. Un muchacho negro, muy amable, me preparó una gran porción de plátanos y arroz.

-Papá, recibe el dinero del amigo aquí. –Dijo el jovencito.

-No hijo, para el amigo es gratis. –Era Margarito, con una voz más joven y más libre.

Caminé por la playa, pero no mucho, no quise alejarme tanto del puesto de comida. Contemplando el mar celeste, escuchaba por primera vez la risa de Margarito que jugueteaba con su hijo.

Calculé que en Ovalle estaba amaneciendo.

Comentarios

Comentario: 

Bueno desde la ciudad de concepcion va mi comentario respecto de este articulo, quiero señalar que soy una ferviente admiradora (como lectora) de rematado, creo que plasma sabiamente y de manera original lo que ocurre en la vida actual, interpreta perfectamente los pensamientos y sentimientos de cada persona.
En relacion al articulo de hoy , Margarito pese a ser un hombre a la vista rudo, de mirada triste y hasta causal de burlas de compañeros que a mi juicio, ignorantes de entender la simpleza del otro, es un hombre sensible, y unico, este personaje refleja a muchos de nosotros que en el diario vivir nos mostramos o bien nos perciben como personas antisociales, distitas o raras, pero que en el fondo son personas de buen corazon, simples y que valoran la vida ,el sentido de pertenencia y de familia como muchos de nosotros y que valoran la libertad.
un abrazo

Comentario: 

ahhh qué lindo!!

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