Columna personal

Celofán galopa por las calles de Limarí

En qué secreta oquedad de los tiempos o en qué orilla estrellada de una noche rural, habrá nacido Celofán, con toda la Vía Láctea rielando sideral sobre la comuna de Ovalle. Quizás en Tabalí, en Barraza o Chalinga, desembarcó a los muelles de la vida este noble personaje que arrastró “agua pura” por las viejas calles del incomparable pueblo de Limarí.

Corría 1979 con todas sus corcheas floreciendo futuro, cuando llegamos a la casa patriarcal de Don Lorenzo Barraza, más conocido en los territorios norponientes de Ovalle, como “El Lolito”. Bisoños mocetones éramos, recién egresados del mítico Alejandro Álvarez Jofré, cuando nos apeamos ante su techo patriarcal. El Lolito, era propietario de una garganta privilegiada, maestro del bandoneón y guitarrista empedernido; zorzal del bolero brumoso en la pasión eterna de la condición humana, natural de Las Peñas de Camarico y, por alta añadidura: amo indiscutido del galopante Celofán.

A esa sazón, Don Lorenzo Barraza, ya había logrado seducir con su órfica entonación gutural, nada más y nada menos que a Doña Rosa Herminia Bolbarán Carvajal, natural de Las Cebadas, especialista en la confección de dulces y empanadas, con ella estructuró fuselaje familiar, para navegar en su fiel compañía, pecho en ristre hacia todos los orientes. Juntos partieron por las aguas de la vida, dibujando sueños en las telas de cada madrugada. Así soñaron con la carreta verde, como “Agua pura”: –para la leña, Lorenzo, porque me da no sé qué verte acarreándola en tus hombros.– Le dijo ella una fresca mañana de abril.

Con ese sueño quedaba sellado el destino de Celofán: venía al mundo para arrastrar la verde carreta que soñó el matrimonio. Hasta algunos peños provenientes de las bohemias actuaciones del juglaresco Lolito, se invirtieron en la adquisición de “Agua Pura” y “Celofán”. Desde aquel grandioso día, Don Lorenzo, sentado ahora en el tablón de mando, con la carreta ahíta de leña, cruzaba orgulloso las calles del pueblo. Con estos nuevos medios se incrementó la producción de dulces y empanadas, de modo que la descendencia debió, “queriendo y no queriendo”, tomar los canastos de distribución y hacerse al mercado limarino. Seguramente en esos canastos de distribución, cuajó el espíritu comercial de mi entrañable amigo Jorge Barraza Bolbarán.

Eran los tiempos inolvidables de “El Bartolo”, personaje que recorría las calles con sus enormes pies descalzos. –¡Adiós Bartolo!– Le gritaba Don Lorenzo desde su tablón de mando, mientras cortaba el viento con su respetuosa venia. Sí señores, Don Lorenzo era hombre armado en los astilleros del dolor, por eso sabía valorar cada manifestación humana que enriquece la vida. Satisfecho llegaba El Lolito, con su gran carga de leña, descargaba y encendía el horno de barro mientras doña Rosa Herminia, terminaba la preparación del producto que daba sustento a la familia.

Sin embargo, sobre todo en verano, Celofán y la carreta verde cumplían otra menos comercial función, servían para que el varón de la familia, Jorgito, paseara a doncellas y zagalas espinillentas que, en calidad de turistas, visitaban el amado pueblo. El adolescente doncel se pavoneaba, cual incorregible tenorio, desde el tablón de mando de “agua pura”, exigiendo la noble musculatura de Celofán, para obnubilar a sus pasajeras. Nadie ha dado fe hasta hoy, sobre los favores amorosos conseguidos mediante tan peculiar metodología.

Por tan inolvidable época de Limarí, también hacía de las suyas otro inolvidable “Burlador”, se trata de Chincolito Maya. Las hazañas de tan singular personaje no reconocieron diferencia entre doncellas, zagalas y señoras hechas y derechas. Su verba inagotable las hipnotizaba, hasta que terminaban cediendo a tan engoladas oscuras solicitudes, todas las cuales solía acompañar con florecillas, ramitas de poleo, consejos para la salud y, hasta algún aromático alfajor proveniente de las manos de Doña Rosa Herminia. Todos los cuales se cocinaron gracias a la leña arrastrada por el noble celofán.

Señoras y señores… Limarí vive en la memoria de las estrellas y al atardecer de los inviernos arde en los últimos fogones de otra generación…Salud a todos sus habitantes… y memoria eterna para Jorge Barraza… con quien compartimos el amanecer de todos los sueños en la en la enseñanza media del glorioso del A-9 de Ovalle.   

Comentarios

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Gracias por su articulo muchas gracias!!!
soy el nieto de don lorenzo barraza y rosa herminia bolvaran, sobrino de jorge barraza

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Manuel:
A muchos kilómetros de distancia valoro tus escrito y el homenaje que haces a las personas importantes en tu vida Ovallina.
Te ama María Luisa

Comentario: 

Síéntanse felices ovallinos, un ilustre pisa nuevamente vuestras calles, orgulloso más que muchos, porque vivió en tierras secas y áridas, desde el primer día que las pisó, pensando en este momento, con la mirada en ésas, sus calles, el aroma de los cielos claros, de sus eucaliptus, el ladrido de sus perros liebreros y el sabor de los huevos de las gallinas ovallinas y el veradero queso de cabra. Ese recuerdo infinito, lo arrebató de la bulliciosa ciudad del cobre. Aquí dejó en muchas generaciones de jóvenes, sembrado en sus corazones el amor por lo esencial, por lo real, por lo verdadero, por lo natural, por la familia. Enseñó desde su humildad y simpleza de héroe construido pieza a pieza, todo lo que un hombre o mujer debe llevar en su equipaje esencial.
Saludos, disfrutadlo, un gran hijo de vuestros cerros ha vuelto y camina entre ustedes, saboreando cada instante, con una preciosa inmensa nostalgia en su corazón. Cuídenlo mucho, cuídenlo siempre
Te extrañamos, Colega del Pluscuamperfecto

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