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El Tren Lolero

Mientras, en mi juventud, intentaba “ser alguien” en la Universidad, debí pasar, necesariamente, por la inolvidable experiencia de ser viajero frecuente, de un ferrocarril de vagones desteñidos, con asientos duros y olor a pichí que me transportaba desde la perla del Limarí a la capital de la provincia.

Primero debí tramitar el FFCC-PASS, que permitía pagar media tarifa, para lo que era necesario presentar un documento que comprobara mi condición de estudiante universitario y un certificado de residencia. Este último se debía obtener en las grises oficinas del cuartel de los hombres de uniforme verde kaqui, donde, casi todos, los funcionarios necesitaban urgentemente un curso de foniatría y modulación, porque no les entendía absolutamente nada cuando me dirigían la palabra. Una vez comprobado mi domicilio, me entregaron algo parecido a una chequera, que debía llenar, con estudiada caligrafía, cada oportunidad que abordaba el tren, de ida y regreso.

Viajábamos los de la Chile, de la U.T.E y los de la Norte; cada uno con la esperanza de lograr la meta que nos habíamos propuesto, luego de haber obtenido buenos puntajes en la P.A.A.: “el triunfo no es ingresar a la Universidad, la gracia es egresar y titularse”.

Era la oportunidad de compartir, con los amigos, un viaje que se hacía interminable hasta que el metálico transporte, surcando los rieles brillantes con paciencia de dromedario, nos dejaba en la pintoresca estación. Nunca faltaba la guitarra desvencijada que amenizaba las horas lentas. Era costumbre, de la mayoría, llevar los cuadernos a pasear, porque el fin de semana se hacía corto y ni siquiera les dábamos una ojeada a los apuntes para preparar bien alguna prueba. El ensordecedor taca-tacat-taca-tacat era siempre aplacado por el canto, la conversación a gritos y las risas. Cada uno traía en su bolso la ropa sucia, la alegría en el rostro, la impaciencia por ver a la familia, y con un diente “así” de grande, dispuesto a devorar lo que le pusieran sobre un plato.

El pitazo de partida en La Serena daba inicio al cotorreo sin par que no terminaba hasta despedirnos en la Estación. Pasábamos frente a Coquimbo, Tierras Blancas, Pan de Azúcar, Tambillo, Las Cardas, Recoleta; y, al comenzar a divisar la Mina Cocinera, la quebrada del Ingenio y Huamalata, ya nos sentíamos en casa, estábamos a un paso, a unos minutos de llegar a disfrutar de la compañía de los nuestros, de encontrarnos con los amigos y relajarnos por unas cuarenta y ocho horas. Eramos siempre los mismos, y en cada vagón nos enterábamos de las movidas de ese fin de semana: Baile en la Medialuna, en el Social, en Deportes Ovalle, en la Villalón o una que otra fiesta de cumpleaños en alguna casa familiar; por supuesto, todos invitados.

Nos econtrábamos nuevamente el domingo, en que regresábamos con la ropa limpia y planchada, un tarro de Nescafé, azúcar, un tarrito de leche condensada, algo para echarle al pan y, si se podía, con algunas luquitas en el bolsillo.

Todos vivíamos en pensión, por lo tanto, supimos lo que significaba no vivir en nuestra propia casa, almorzar en el casino de la Universidad, y a la noche, cuando venía el hambre, aprendimos que se puede hacer un sanguchito con lo que venga: tomate, lechuga, huevito duro, papas fritas, en fin, todo acompañado con un buen jarrón de cocho simplecito con leche, que te dejaba la guatita llena y el corazón contento; para terminar con un conversado, compartido y trasnochado cigarrillo, y… de vuelta a estudiar.

El tren Lolero tuvo la magia de transportar sueños y muchos de ellos se hicieron realidad.

¿…Vai a Ovalle este fin de semana? Nos vemos en la estación.

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Comentarios

QUE BONITOS RECUERDOS DESDE QUE ME DIERON ESTA PAGINA ME METO CADA VES QUE PUEDO, RECUERDO QUE MIS PRIMOS VIAJABAN EN ESE TREN Y MIS OTROS PRIMOS VENIAN DE COMBARBALA PASABAN POR OVALLÉ, ALLÍ MI MADRE LOS ESPERABA PARA DARLES LAGUN ENGAÑITO PA ESAS 8 HORA DE VIAJE, RECUERDO QUE UNA VEZ VIAJE EN ESE TREN Y FUE TAL CUAL LO DESCRIBISTE.
UN VIAJE MUY LINDO QUE SIEMPRE LO RECURDO Y GRACIAS POR HACERME RECORDAR.

Hola.
soy Wilson Millao Frívola, de la comuna de combarbalá, quisiera saber si ustedes tiene alguna foto del Tren Lolero, mi comuna en el mes de noviembre está de aniversario. Y necesitamos hacer un carro alegórico en conmemoración al tren lolero.

saludos, gracias
w.millafri@hotmail.com
cel. 78 658 100

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