Punitaqui

Por Ivan, 2 Diciembre, 2009

El Cojo Pepe llegó a la vida con el espíritu corrompido. Todo el mundo sabía que había nacido lisiado como fruto de un amor entre hermanos. En la escuela se burlaban de él a causa de su defecto físico. Se crió con unas tías que lo cuidaban, eran costureras y de chiquito el cojo las veía dar puntadas en la ropa ajena hasta la madrugada. Nunca conoció mujer alguna en sus años mozos porque a nadie llamaba la atención por su aspecto físico.

Por Ivan, 27 Noviembre, 2009

El Huaso Mena -decía mi viejo- era valiente pero también bribón. Un zapatero remendón que disimulaba hábilmente las fechorías. Fue asaltante de caminos. Montaba un caballo negro que le ayudaba a camuflarse en la oscuridad de la noche. Del mismo color era su ropa, el sombrero y el poncho”. Dicen que el bandido ensayaba la puntería templando un cordel en dos árboles y le disparaba con el revólver calibre 38. Primero lo hacía a veinte metros, luego a veinticinco y así hasta que llegó a darle a cincuenta metros. Gastaba decenas de proyectiles.

Por Ivan, 20 Noviembre, 2009

Fue la tortilla de rescoldo, Norma. La tortilla que doña Lastenia sumergió en la ceniza y cubrió con las brasas al rojo vivo para que se cociera. Nunca he vuelto a comer un pan tan bueno como el de la vieja de la cabeza blanca. Me lo hacía cuando yo era niño, demasiado pequeño todavía. Entonces acudía a su casa, una media agua construida de adobes y techo de zinc, la longeva me contaba esos cuentos fantásticos de demonios y apariciones increíbles que muchas veces no alcanzaban a colmar mi imaginación. La tetera hirviendo en el brasero, tomábamos yerba mate y comíamos pan.